De lo que aconteció a la llegada a la muy noble y leal villa de Tokio con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo 2


La del alba sería cuando me levanté en Madrid con la cabeza aún en la Carrer Fàbrica, pero eso es otra historia… Me tragué una hora de camino en metro (of course, que no estábamos para más dispendios). Todo iba como un reloj y llegué a Amsterdam sin mayor problema.

En el vuelo a Tokio me tocó un chaval japo que estuvo durmiendo 10 de las 11 horas de viaje y una tipa checa que solo bebía vino, sería para dormir a pierna suelta, como a la postre sucedió. Mientras yo, que como todos los que me conoceís sabeís no duermo en nada que se mueva un grado a babor o a estribor,  estuve viendo pelis, leyendo, viendo pelis, leyendo…en esas estábamos cuando mi espalda empezó a dar señales de alarma, de vez en cuando me levantaba y hacía estiramientos.., estuve a punto de correr de la cola a la cabina pero me parece que no les hubiera hecho mucha gracia. Y mientras los japos, que eran mayoría absoluta, iban muchos de ellos con mascarilla por aquello de…no lo sé, no lo entiendo.

Al final aunque las películas sean de estreno y en español (latino jejeje) acabas con estado de ansiedad, una ansiedad que no se te va ni con pirulas, de las cuales iba provisto. Y entonces te da por mirar el vuelo del avión on line, miras la pantalla de enfrente del asiento, primero se va a Dinamarca, luego a Finlandia, más adelante Rusia, después Siberia y te va diciendo «quedan 11300 kms», te das un rulo por el avión, miras un peli, te dan de comer algo, visitas esos WC de astronauta…vuelves a mirar y pone que quedan 11250 kms y entonces te planteas si esto es un 747 o vamos en ala delta.

En un momento dado creo que solo estamos despiertos el piloto, una azafata y un servidor, todo el pasaje duerme a pierna suelta y yo me entretengo con el Viaje de Pi. Del libro de 1000 hojas ya me he despachado 250 y mis ojos están como platos, seguramente emulando a Bill Murray en Lost in Translation, pero versión vuelo en KLM.

Cuando por fin me empieza a vencer el sueño, encienden todas las luces del avión y me imagino que cogerán la corneta para ponernos en pie pero no, toca desayuno, galáctico, pero desayuno.

Y entonces de repente aterrizamos, salgo y ya estoy en el imperio japonés.

El aeropuerto de Narita es descomunal, a su lado Barajas parece Cuatro Vientos, es tan limpio que podrías comer en el suelo. Una señora japonesa nos da unos formularios y nos trata al estilo neoyorkino, a los que hayaís estado en la Gran Manzana, sabreís a qué me refiero,  como ganado europeo, come on, come on. La tía es muy puntillosa y me echa para atrás porque no he puesto una cruz en si soy terrorista y otra en si llevo dinamita en la maleta ¿quién no tiene TNT en su casa para estos viajes?.

Ya vislumbro la salida pero, stop, una chica, muy guapa por cierto, me detiene y me hace un tercer grado…nacionalidad, tiempo que voy a estar en Japón, si he estado detenido, propósito del viaje, profesión..esto se pone bien y cuando parece que vamos a quedar en Shibuya para darnos un rulo nocturno, me despide con un Arigato-Sayonara, lástima, es una de inmigración.

Mientras mi emoción crece por momentos, porque por primera vez en mi vida soy autosuficiente con mi patético inglés.

En el tren hacía Tokio un tipo me salva en extremis de perderlo porque allí los trenes y todo lo demás, como iré comentando, son de una puntualidad y una perfección rayando en lo obsesivo.

En la estación de Shibuya saco el pie y un simple goteo de lluvia fina y suave, se convierte en lo más parecido a un tifón, jarrea a conciencia y el viento arrastra a todo y a todos. No tengo ni puta idea donde está el hotel, me pongo a andar como un pollo sin cabeza y entonces se me ilumina la bombilla y me digo a mi mismo «Alberto, imprimiste un plano para llegar al hotel, es hora de usarlo». Saco el plano y ¡horror! ¡todo está en japonés!. Las calles son un laberinto, una marea de gente de un lado para otro lo inunda todo con sus paraguas transparentes. Cuando todo está perdido, de repente viene Zara en mi ayuda. De todo el plano impreso que tengo, lo único inteligible, es decir, en alfabeto latino, es una modesta señal que indica la tienda de Zara y yo la tengo ante mis ojos, la rueda de la fortuna gira y me coloca arriba (prometo comprar aunque solo sea unos calcetines a mi vuelta).

Llego al hotel empapado no, haciendo aguas por todos los lados, el recepcionista  me recibe cortesmente con un inglés-japonés aceptable y me dice que el check-in es a las tres de la tarde y son las 12 de la mañana, así que toca recorrerse todas las tiendas del mundo para hacer tiempo. No sería mayor problema sino fuera porque en ese momento llevo ya casi 30 horas sin dormir y estoy hiperagotado. Pero a pesar de ello con la sonrisa en la cara porque Tokio parece flipante y eso que no he empezado aún a recorrerlo.

Evidentemente, una de las ventajas de no tener audiencia es que nadie ha reparado en que mi blog volvía a estar operativo, excepto mi hermano, que leyó el titulo tan rimbombante, se frotó las manos y en eso quedó todo porque a esas alturas yo estaba ya en el séptimo sueño,  me quedé frito con el portátil en las manos…Por tanto esto está escrito el día después.

Continuará….

PD Por cierto las fotos para mejor ocasión, que aqui son las 02:00 AM y debería dormir, yo no tengo una pisci como los de la película de marras para relajarme, mi habitación está bien pero es tipo zulo, aqui todo es pequeño.


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2 ideas sobre “De lo que aconteció a la llegada a la muy noble y leal villa de Tokio con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo

    • wallflower
      wallflower Autor

      Pues como he comentado me quedé frito en cuanto pisé la habitación del hotel, escribí el titulo y nada más, me eché una siesta de una hora y volví a salir…a ver si mañana pongo fotos. Esto mola mucho, tráete a Cuqui, lo flipareís. Mañana voy a Nikko, no, no es el plato del equipo HIFI que teníamos, es una ciudad a unos 100 kms. de rollo zen. A ver que tal se me dan los trenes bala, el bono que me compré comienza mañana. Un abrazo.