De las discretas razones por las que apenas he escrito en este viaje y otras aventuras sin importancia 1


El día de mi partida decidí desplazarme desde Kioto hasta Narita City (no confundir con el aeropuerto del mismo nombre) para dormir allí ya que mi vuelo salía por la mañana y no sabía como sería la hora punta de Tokio.

Ya tenía apuntado el día antes todo el itinerario a seguir, a si es que después de coger el metro en Kioto llegué a su estación central y cogí el tren bala. En unas 3 horas estaba en Tokio, allí tomé el Narita Express, un tren que te lleva al aeropuerto, para luego llegar a la ciudad de Narita en otro tren de cercanías.

El viaje en el tren bala trancurrió sin mayores incidencias, de nuevo leyendo algo, viendo episodios de Doctor en Alaska, oyendo música y viendo el paisaje japonés, normalmente una sucesión de ciudades y muy poco campo. Una mujer japonesa se sentó a mi lado y cayó en brazos de Morfeo en cuestión de segundos. Tienen los japoneses una rara habilidad para quedarse fritos en cuanto pisan cualquier medio de transporte y un sexto sentido que les avisa de su estación. Es un tema a estudiar. Bueno pues como digo la japonesa se quedó dormida y su cabeza se apoyó en mi hombro, durante un buen rato, lo cual me recordó aquel chiste de Gila de cuando se le queda dormido un tipo en Guadalajara y se le despierta en Zaragoza diciendo: «Vd. perdone, me había quedado traspuesto»

En el Narita Express me tocó la excepción que confirma la regla, todos los japoneses hasta ese momento, salvo la sargento del aeropuerto el día de mi llegada, habían sido tan amables que te quedabas con ganas de abrazarles. Pero al tipo en cuestión, un revisor, no le debió gustar mi cara y a pesar de que le enseñe mi Japan Rail Pass que me permitía ir en ese tren, me dijo, en un inglés aún peor que el mio, que ese tren no iba a la ciudad de Narita solo al aeropuerto y que debía volver en cuanto llegaramos al aeropuerto. Yo le dije: «¿volver a Tokio?» y el me dijo: «si, volver a Tokio, no hay trenes a Narita City», me le quedé mirando seguramente con cara de macarra de barrio Lucero y para mis adentros me dije «ja, ni de coña, de este tren no me sacan ni los GEOS».

Después de mucho buscar y meter la gamba, al final llegué a Narita. Si en el relato de mi llegada decía que el aeropuerto de Barajas era Cuatro Vientos comparado con el de Tokio. Aquí debo decir lo contrario, el pueblo de Barajas es Florencia comparado con la ciudad de Narita (al menos lo que ví), un sitio inhóspito en el que si viviera allí me metería un tiro a los dos días.

Llegué temprano, el hotel estaba cerca de la estación, la caraja que llevaba era de escándalo y entré al hotel por el garaje, un tipo me recogió y me llevó a la recepción. Para pagar el hotel tenían cajeros automáticos y yo debía llevar cara de Paco Martínez Soria porque no me enteraba de nada. Al final llegué a mi habitación, baje a comer algo y subí con el firme propósito de dormir como si no hubiera mañana. Pero ya se sabe que esto de conciliar el sueño, en mi caso, y no sé si será por encantamiento, el caso es que cada día se convierte en algo más preocupante. De nuevo me puse a leer, de nuevo Doctor en Alaska (la TV es que como sale en Lost in Translation, infumable y en japo), y nada sin dormir. Vuelvo a bajar, hago una llamada a mi familia, subo y sin dormir.

Mi galeria de imágenes de Whatsapp ha sido un éxito, y quizás me debería plantear migrar mi blog allí jejeje. Porque esto se está convirtiendo en un diario, diario, al más puro estilo, en el que solo me leo yo, mi hermano Mariano y mi sobrino Angel. Cuando llegas aquí piensas que tendrás todo el tiempo para deleitarte escribiendo jugosos relatos del día a día pero la verdad es que te das cuenta de que solo estarás una vez en Japón, salvo que ocurra algo extraordinario, y entonces priorizas mirar lo que harás el día después y sobre todo descansar. He andado lo que no está escrito, salvo en Kioto que alquilé una bici y me recorrí la ciudad y sus templos con mi cámara en la cesta, una de las mejores decisiones que he tomado.

Este viaje ha sido muy improvisado, lo organicé todo en apenas 10 días, hasta ese momento mi elección oscilaba entre el Camino de Santiago (me quedé en Burgos y ahí sigo), Marruecos o Grecia. De repente un día, sin buscarlo, apareció ese vuelo barato de KLM y como una señal me dije:»ahora o nunca, el viaje soñado». Y vaya que lo ha sido, ha superado con creces todas mis expectativas.

Y ahora me voy a la cama, mi amiga Marga y Paco me han despertado sin querer con sus mensajes pero ha sido por mi culpa, debí quitar el WIFI. En fin no pasa nada, así he podido escribir mi último relato en suelo japonés. Dentro de 4 horas sonará el despertador y me llevarán desde el hotel al aeropuerto y abandonaré este increible y fascinante país.


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Una idea sobre “De las discretas razones por las que apenas he escrito en este viaje y otras aventuras sin importancia

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    mariano

    hey…. ya estás de vuelta…casi. Acabo de leer tus últimos y jugosos avatares. no he podido escribirte porque desde el lunes he estado medio malo y currando con visitas a clientes, o tumbado tosiendo y totalmente reguleras. Ya hablaremos… por cierto del guasaf sólo he recibido 4 fotos…no sé lo de la galería como se mira (si hay algo más). un viejuno para las redes estas. bye.