Un carrusel que cabalga hacía la nostalgia


¿Hasta qué punto la publicidad puede llegar a ser poesía?

Mientras esa cosa, antojadiza y caprichosa, llamada imaginación, vuelve a detenerse y llamar a mi puerta, no me queda otra que tirar de mis reservas estratégicas.

Para ello he elegido una secuencia de una serie que ya fue motivo de un post en aquella protohistoria con la que empezó esta movida, que algunos llaman blog.

Año 2012, Angel me recomienda una serie que ha descubierto, Mad Men se llama, trata de los avatares de una pequeña agencia de publicidad en el Nueva York de principios de los sesenta y las vidas, en ocasiones cruzadas, de sus empleados. He de decir que desde el primer capitulo me atrapó en un torrente de emociones que fue en crescendo y que tuvo como colofón ese, sin par, capitulo 13 de la primera temporada, obra maestra donde las haya y cumbre de la televisión contemporánea.

Don Draper, astro rey de la serie, que carga sobre sus espaldas todo este engranaje perfecto de excelentes actores, tiene problemas de pareja, pero lejos de dejarse llevar por la indolencia y el abatimiento, resurge cuán Ave Fénix para hacer de un contratiempo una oportunidad comercial. La firma Kodak (hoy en día en liquidación, hay que ver las vueltas que da la vida) sondea varias agencias de publicidad para ver cual de ellas se encargará del lanzamiento de aquel carrusel usado para proyectar diapositivas con forma de rueda. Y Draper utilizará su familia y sus emociones para plasmar una palabra, «nostalgia», de la que creo que nadie hasta este momento haya sabido explicar mejor su significado. La emoción rezuma con profusión al punto de que uno de los empleados de la agencia debe marcharse envuelto en lágrimas y los de Kodak quedan boquiabiertos, patidifusos…ante tamaña demostración de lírica publicitaria.

Juzguen Vds. mismos, aunque sin haber visto las circunstancias que rodean a la secuencia, quizás pierda intensidad.

Y por último un consejo y gratis, no dejen de ver la serie, es un sacrilegio perder el tiempo con Aída, La que se avecina y otros excrementos televisivos aún peores, mientras estas joyas duermen el sueño de los justos.

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