Infamia húngara


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¿Hasta qué punto es censurable la actitud de Hungría en la crisis de los refugiados?

A vueltas con el comportamiento de las autoriades húngaras en la crisis de los refugiados, he estado investigando sobre la fragilidad de la memoria de Hungría.

En la Segunda Guerra Mundial, el gobierno húngaro, de marcado carácter ultraderechista, cuyo primer ministro era Béla Imrédy, un personaje contradictorio que se movía haciendo equilibrios entre Reino Unido y Alemania, finalmente se alineó con el Eje. Se obligó a las minorías (judíos, gitanos, partidarios de la izquierda, sectarios) a realizar, lo que se llamó, Servicio de Trabajos Forzados. Más de 20000 personas fueron sometidas a trabajos de gran dureza vigilados por mandos despiadados.

El gobierno de Hungría se aprovechó de sus buenas relaciones con Hitler para conseguir beneficios territoriales a costa de la antigua Checoslovaquia, Rumanía y la antigua Yugoslavia. Más tarde, en un ejercicio parecido al de Franco, de “movámonos al sol que más calienta”, y cuando vio segura la derrota de Alemania, se situó a favor de los aliados. Este hecho les supuso la invasión germana con la consiguiente limpieza étnica de judíos y gitanos húngaros. Con la derrota del fascismo muchas de las conquistas territoriales de Hungría fueron restituidas a sus paises creándose una importante minoría húngara que se encuentra disgregada entre Rumanía, Ucranía, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia, Serbia y Montenegro.

El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”. Hungría, bajo mi punto de vista, ha olvidado su pasado reciente.

Desde el año 2014 gobierna en Hungría el partido conservador de Viktor Orbán que obtuvo una abrumadora victoria en las elecciones, después se situó, a mucha distancia, el partido socialista y muy cerca de éstos el partido de ultraderecha de Gábor Vona.

La Unión Europea ha dado repetidos toques de atención a Hungría sobre sus politicas antieuropeas y antidemocráticas.

El gobierno húngaro modificó la ley electoral para adaptarla a sus necesidades, ha establecido una tasa confiscatoria sobre la publicidad en los medios de comunicación (en un intento de contener las críticas que recibe su gobierno desde los periódicos), ha realizado una lista negra de organizaciones civiles independientes. lo que significa una clara persecución a las ONG que no son afines a su partido. Las últimas purgas en la judicatura, con jubilaciones forzosas, tratan de minar cualquier estado de opinión diferente y que se aprueben por la vía rápida importantes enmiendas a la Constitución. El antisemitismo ha vuelto a hacer acto de presencia. Jobbik, el partido de ultraderecha, realizó unas declaraciones en las que relativizaba el Holocausto. Zsolt Bayer, un miembro fundador de Fidesz y amigo personal de Orbán, escribió en un periódico: “Esos gitanos son animales y se comportan como animales. No debería permitirse que existieran estos animales. Esto tiene que ser resuelto inmediatamente y por cualquier método”. Los dos diputados siguen en su escaño y el diario que publicó el artículo ha sido multado, cuatro meses después, con 850 euros.

Ya ha habido casos de violencia contra judíos y gitanos con la complacencia de la policía húngara. Esa misma policía que hace unos días en una acto que, como en su día dijo Roosevelt, “pervivirá en la infamia”, golpeó y roció con gas pimienta a refugiados sirios sin reparar en niños, madres embarazadas, etc por el simple hecho de querer utilizar la frontera húngara para alcanzar Alemania.

Por si fuera poco han rodeado toda su frontera con alambrada de concertinas (por cierto, de fabricación española) para “disuadir” la entrada de refugiados, en una actitud hostil e impropia de un país europeo.

No todos los húngaros son así pero si pensamos que en el parlamento de Hungría el partido de Orbán y el partido de ultraderecha suman 156 de los 199 escaños de la cámara, nos da una idea de lo arraigado que están esos pensamientos, profundamente antidemocráticos, entre la población húngara.

La Unión Europea debería tomar cartas en el asunto y contemplar, incluso, la expulsión de un pais que se comporta de esa manera o al menos imponerle sanciones. Europa no es solo su economía, también es un espacio de libertades y de acogida. Somos responsables de los muchos conflictos que hay a lo ancho del mundo porque nosotros fuimos sus creadores con nuestras políticas.

En estas circunstancias se hace necesaria una intervención armada en Siria para liberar a toda la población de ese país que no han tenido la “suerte” de poder abandonarlo por su falta de recursos para pagar a esas mafías, sin escrúpulos, que cobran cifras astrónomicas para sacar a los ciudadanos sirios de esa guerra.

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