The Misfits


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Aunque normalmente veo series, aún reservo tiempo para ver los clásicos cinematográficos de siempre. Con estas joyas se puede caer en la tentación de pensar que ninguna película actual les hace sombra, y seguramente sea verdad.

Hace unos días descubrí, de nuevo, The Misfits, aquí estrenada como Vidas Rebeldes (bonito título), aunque lo mejor sería haberla titulado como su traducción exacta, Los Inadaptados. Una película maldita, no solo por el guión de Arthur Miller sino porque pareciera que las vidas crepusculares de sus tres protagonistas estuvieran presentes durante todo el film de Huston. Clark Gable fallecía en las siguientes dos semanas de haberla finalizado, Marilyn Monroe hacía lo propio unos meses después, en circunstancias aún por aclarar, y Mongomery Clift moría unos pocos años más tarde, presa de sus adicciones y sus problemas de salud. De éste último hay una anécdota, un poco tétrica quizás, que relata que solo unas horas antes de su fallecimiento le había llamado su secretario personal para avisarle que ponían la película en la televisión. El secretario le preguntó si la vería, a lo que Monty Clift respondió: ¡¡absolutamente no!!, es posible que, paradojicamente, éstas fueran sus últimas palabras.

La película es desgarradoramente dramática, unos personajes inadaptados, fracasados…que viven condenados, en un tiempo que no les corresponde. En definitiva unos seres que no encajan, como ese puzzle que se muestra en los títulos de comienzo de la película. Recomendación del día: visionar Vidas Rebeldes.

Como en un paralelismo, que a lo mejor solo veo yo, ayer estaba en mi paseo diario por la Casa de Campo cuando en una de las explanadas del parque emergieron de la nada unos cuantos aprendices de torero. Giré la cabeza y allí estaban, entrenando, ajenos a todo, sin reparar en que el siglo XXI se les había echado encima. Y me recordaron mucho a la memorable reflexión final de Clark Gable del video que os dejo más abajo.

Por otro lado, también sentí una cierta melancolía al pensar que probablemente esas vidas rebeldes, que contra viento y marea, se dedican a la tauromaquia, estén dando sus últimos capotazos con permiso de la autoridad y si el tiempo (no el meteorológico) no lo impide. Creo que las corridas de toros sucumbirán en un tiempo, no muy lejano, pero no será por la presión de los antitaurinos sino porque su ocaso ya asoma por el horizonte.

Esto lo dice un agnóstico de los toros, un tipo que cree que el toro sufre porque lo ha visto en directo, que no tiene afición alguna, pero que no encuentra razones para su prohibición, porque quizás haya algo más que no alcanza a comprender, algo intangible, algo que bien podría llamarse arte.

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